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Cuando entras a la pista de pádel, debes estar preparado para cualquier cosa. De inicio, seguramente, lleves preparada una estrategia con tu compañero pero, no siempre os va a salir bien, por eso, más que tener un plan “B”, hace falta saber adaptarse a cualquier situación que se nos pueda presentar.

Cuestión de detalles

Ya desde el peloteo puede ir haciéndote una idea de lo que te vas a encontrar durante el partido. Por eso es importante que te concentres en todos los detalles, y no solo de cómo golpea tu rival, sino también de las condiciones de la pista y, por supuesto, de tus sensaciones.

Siempre están aquellos a los que no les importa el “entorno”, solo juegan por divertirse sin marcarse ningún otro objetivo. No se plantean estrategias, no les interesa nada más allá de pasar hora y media de diversión. Pero, cuando ya buscas algo más y quieres ganar, la victoria puede ser cuestión de detalles.

Tu compañero y tú

Lo primero es cómo estéis jugando tu compañero y tú. Si tenéis buenas sensaciones y os salen las cosas tenéis mucho ganado. Es algo tan obvio como fundamental, si la bola no os entra, difícilmente vais a poder competir, salvo que vuestro rival no haya jugado en su vida al pádel.

Es quizás la parte más difícil porque, normalmente, contamos con que el rival sea el que nos complique las cosas y debamos contrarrestarlo con nuestro juego. Pero, ¿qué es lo que pasa cuando el problema es nuestro juego?

No queda otra que, en esos días en los que no estemos bien, vamos a tener que cambiar nuestros planes.

Todo pasa por recuperar la confianza en nosotros mismos y recuperar sensaciones, con lo que no queda otra que adoptar un juego más fácil hasta que el brazo se nos empiece a soltar.

Todo esto sin obsesionarnos con el marcador. Sí, sería lo mejor que los rivales no tuvieran una ventaja amplia, pero si nos obsesionamos con eso, lo más seguro es que solo consigamos empeorar la situación.

El rival también juega

Por muy bueno que sea, hay que ser capaz de adaptarse a un tipo de juego que les haga daño, pero siempre dentro de nuestras posibilidades. Hay que ver dónde falla el rival para atacarle ahí, pero también ver con qué golpes nos hace daño para anticiparnos y evitarlo.

Debes estudiar al rival. Desde el peloteo puedes ver cómo juega, qué golpes se le dan mejor y cuáles peor.

Una vez acabado el peloteo hablas con tu compañero para ver cómo ha ido, “el mío es bueno, pues el mío no es gran cosa”. Pero claro, aquí estamos en un deporte por parejas. Con esa información podríamos decir, “vamos a cargar el juego al menos bueno”, pero no deja de ser una decisión precipitada.

Puede que sí sea flojo, pero es algo que no sabrás hasta que hayáis jugado unos juegos. Luego puede resultar que el que parecía menos bueno es un muro y el que era mejor, pese a tener mucha más técnica, falla más que acierta.

Adaptarse o perder

Es muy difícil que tu plan inicial no sufra cambios durante el partido. Si te está surtiendo efecto, el rival buscará la forma de cambiar la dinámica del partido. Si no te surte efecto, eres tú el que debe buscar un cambio. Hay que ir adaptándose a los movimientos del rival como en una partida de ajedrez.

Pero, como decíamos al principio, hay muchos detalles que pueden influir en el resultado del partido, todos ellos ligados entre sí.

 

 

Las condiciones de la pista

Hay otro detalle que afecta al juego y que, pese a que muchas veces suene a excusa, puede ser determinante si no conseguimos adaptarnos, las condiciones de la pista.

Es cierto que las condiciones de la pista son iguales para los cuatro jugadores, pero también es cierto que hay condiciones que benefician más a cierto tipo de juego. Imagina que eres un jugador con mucha pegada y te toca jugar en una pista lenta, con bolas muy usadas y contra unos rivales con un juego pausado. Adaptarse o perder, no queda otra.

Evidentemente para esto hace falta mantener la calma y concentración durante todo el partido, de lo contrario no serás capaz de leer las situaciones del partido y te costará elegir la mejor decisión.

Dentro de las condiciones de la pista entran tantos aspectos a tener en cuenta… la humedad, bote irregular de la pelota, focos que deslumbran, el sol, el viento, la lluvia…

No queda otra que adaptar tu juego a las condiciones que haya si quieres competir. Por ejemplo, hay mucha humedad y cada vez que la pelota rebota contra el cristal, se queda muerta. El rival se ha adaptado antes que tú y te juega profundo. Tú eres de los que en vez de adelantarse, prefieres esperar al rebote para colocarte mejor para devolver la bola. Pero, en esta situación no es posible, ya que si esperas el rebote no vas a poder devolver la bola , o la devolverás muy fácil para el rival.

También habrá veces que pase al revés, que esas condiciones sean a tu compañero y a ti a quien favorezcan, y os aprovecharéis de eso, pero hay que estar preparados para cuando toque cruz.

Pueden pasar tantas cosas en un partido de pádel… adáptate o, seguramente, pierde.

*Foto de World Padel Tour

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