Compartir

Con un título así seguro que te estarás preguntando de qué va esto, ahora lo verás, tan sólo es una simple reflexión sobre lo que realmente importa en el pádel y que a veces perdemos de vista.

Y al tercer día resucitó

Habrás podido comprobar que en mis artículos de opinión he hecho mucho hincapié en el aspecto de divertirse en el pádel amateur. Es algo obvio pero no siempre lo recordamos y luego pasa lo que pasa.

Aquí no se trata de rajar de rivales, ya sea por niveles hinchados o por mala educación. Se trata de cómo enfoca uno mismo sus partidos de pádel.

Cuando empecé a jugar a pádel ahora hará unos 16 años sólo pensaba en divertirme. Obviamente todo el mundo quiere ganar, no nos vamos a engañar a estas alturas, y yo no soy una excepción, no me gusta perder ni a las chapas.

Pero conforme pasaron los años digamos que el objetivo principal se va distorsionando. Lo que al principio era “divertirse” pasó a ser “competir”. Buscas más el progresar en tu juego y ganar que disfrutar en la pista.

No es que no se pueda uno divertir y ganar a la vez. Claro que se puede y ojalá siempre fuese así, pero a veces la “presión” por ganar hace que no disfrutes lo que estás haciendo.

Y es que, no nos engañemos, los que no somos profesionales, y no tendremos nivel para serlo en la vida, si jugamos a pádel semana tras semana es porque disfrutamos en una pista.

Pero, ¿qué pasa cuando ya no disfrutas? ¿Qué pasa cuando estás en pista y no tienes ningún tipo de motivación por jugar? Antes era un drama cuando veías que los que tenían la pista reservada después llegaban y esperaban en la puerta y, ahora, en lo único que piensas es en que se termine cuanto antes el partido.

Ya no te diviertes en la pista de pádel. ¿Por qué? Puede que el presionarte tanto con ganar termine afectando. Encaras el partido con el objetivo de ganar, como si no existiera nada más. Te obsesionas, te ofuscas con la derrota, empiezas a jugar mal, empiezas a estar mentalmente saturado, la racha negativa se va convirtiendo en un agujero negro…

Seguramente muchos pensarán que esto no les sucede ni lo hará, y seguramente así sea, de lo cual me alegro. Pero siempre habrá alguien al que le pase.

Personalmente, ya lo dije en algún podcast, hará cosa de 9-10 meses entré en un bucle en el que en cada partido que jugaba me preguntaba porqué iba a jugar. Era más una obligación que una necesidad.

Así que opté por desconectar una temporada, y he de reconocer que no me pudo venir mejor. Ahora afronto los partidos de otra forma, he cambiado el chip, y lo primero es intentar divertirme, con lo que juego mucho más suelto y alegre en la pista, lo cual suele repercutir positivamente en el resultado y en mi compañero.

No hay que olvidar que en el pádel juegas con un compañero, y cuando estás “out” lo nota. El estado de ánimo en pista se suele contagiar a tu pareja.

No voy a negar que sigo queriendo ganar pero no es mi principal objetivo. Hay cosas más importantes que ganar o perder, salvo que te juegues dinero en ello. De un partido prefiero quedarme con lo positivo, porque tanto de victorias como de derrotas se pueden sacar cosas positivas.

Al menos yo, ahora, valoro más el haber jugado bien que el haber ganado. Ganar un partido amistoso no deja de ser un resultado, sólo es un partido más de tantos que juegas. Ganarás y perderás pero, si no te diviertes, ¿de qué sirve?

*Foto de World Padel Tour

2 Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo en que es más importante disfrutar que ganar pero para mí la cuestión además es otra. Si he jugado al máximo nivel que sé, disfruto sí o sí al margen del resultado. Mi gran problema es que cuando compito no juego mi mejor pádel y entonces no disfruto. Ahí sí puedo entrar en barrena, cuando encojo el brazo ?. No sé por qué me empano tanto cuando compito?

Dejar una respuesta