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Estás haciendo un partido muy sólido, tienes al rival contra las cuerdas y por fin llega. Ahí lo tienes, la posibilidad de ganar el partido. Y es, en ese preciso momento, cuando aparecen los nervios, las dudas… ¡cualquiera diría que eres tú el que va por detrás del marcador! Y es que, cerrar un partido de pádel no es nada sencillo.

Tienes tu saque a favor para cerrar el partido. En tu cabeza oyes un “¡No la cagues!” Lo has hecho bien hasta este momento, ¿por qué ibas a fallar ahora? Notas los nervios, el brazo se encoge e, inconscientemente, empiezas a jugar simplemente a pasar bola, ¡como sea! Rezas para que el rival falle o tu compañero gane el punto. Cuanta menos bola te venga, mejor.

Como si todo lo hecho hasta ese momento no contara para nada, juegas ese juego como si fuera especial, un todo o nada, y te echas a la espalda una presión extra, cuando no debería ser así.

Tu compañero y tú sois los que vais por delante en el marcador. La presión debería de tenerla el rival, no tú. Si vais por delante en el marcador es porque algo estáis haciendo bien, seguid con ello.

El mayor problema viene porque cuando tenemos tan cerca la victoria buscamos asegurar más de la cuenta, y comenzamos a dejar bolas muy fáciles para el rival. En ese momento tú tienes mucho que perder y tu rival nada, así que, si le dejas una bola fácil, va a ir con todo. Al final eres tú el que estás abriendo la puerta para que el rival entre de lleno al partido.

Cómo cerrar un partido de pádel

No renuncies a tu juego. Como decía, suele ser algo inconsciente el ponerse en modo defensivo cuando tenemos el partido tan cerca. Trata de evitarlo haciendo el juego que os estaba funcionando. Solo deberíais cambiar vuestra forma de jugar cuando las cosas os están yendo mal.

No te precipites. Igual que tendemos a asegurar más de la cuenta en estas situaciones, los nervios nos pueden jugar una mala pasada y busquemos cerrar el punto cuanto antes arriesgando más de la cuenta con algún golpe. Define cuando tengas la posibilidad de hacerlo, no antes.

Si hay algo vital en este tipo de situaciones es mantener la concentración. No estés pensando en “a ver si el rival falla”. Ve concienciado de que tú tienes que ganar el punto. Los nervios van a estar ahí, así que debes intentar mantener la concentración para que no te pasen factura.

Lo peor que puede pasar en estas situaciones es que el rival se adelante en el marcador. Un 0/30 y los nervios se disparan. Trata de no perder la iniciativa en los puntos. Si juegas con los golpes que se te dan bien y que te han ido bien durante el partido, es más fácil que no falles. No regales nada al rival, si te mantienes firme en la pista, esa presión pasará al rival y comenzará a elegir mal los golpes y caer en la precipitación. Juega con primeros saques y aguanta con la primera volea.

Si te ciñes a lo que se te da bien, ¿qué puede salir mal? Si, puede que falles y acabes perdiendo el juego, pero es más fácil ganarlo así que cambiando algo que te ha ido bien durante todo el partido, porque el rival también juega y puede que se las juegue todas y le entren.

Juega con seguridad, sin miedo a fallar.

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