Compartir

Todos hemos tenido una primera vez en el pádel, aunque la de algunos haga tanto tiempo que ya ni se acuerden. Un amigo, un familiar, alguien que pasaba por ahí te habló de un deporte que es como el tenis pero en el que hay paredes y se juega por parejas.

Hoy en día casi todo el mundo lo conoce, es un deporte que está muy de moda y raro es la persona que no lo haya probado pero, hace ya unos buenos años, cuando te hablaban de pádel te sonaba a chino.

A nivel personal, este deporte lo conocí hará unos 17-18 años. ¿Pádel?¿Paddle?¿Eso qué es? Cierto amigo estaba que no cagaba con el deporte en cuestión, tratando de captar gente para jugar, como si de una secta se tratara.

Tarde o temprano tiene que pasar. De tanto que te dan el coñazo acabas cayendo y aceptas ir a jugar. Tú no tienes ni idea de cómo se juega, tampoco tienes raqueta, ah no, que es una pala.

Y claro, el friki del pádel tiene que dejarte una de las cinco palas que tiene en el coche. No sabría decir cómo eran las palas por aquella época, la verdad, hace ya tiempo, no m fijé mucho y tardé bastante tiempo en tener una pala propia.

Lo único que recuerdo fue el primer partido que jugué. El término pachanga nunca ha cobrado tanto sentido. Aquello era para grabarlo para luego hacer algún tipo de chantaje.

Hace no mucho volví a aquella pista y, ¡vaya tela! ¿Cómo se podía jugar en aquellas condiciones? La pista era para verla. De muro, por supuesto, techos bajísimos, moqueta como la que te puedes poner en tu casa… y lámparas colgadas del techo.

Habiendo jugado a tenis, te aclaras con la mayoría de los golpes, pero claro, lo de las paredes es un “wtf” constante. Aquello era como el “the floor is lava”, dale antes que toque la pared o la has cagado.

Termina la pachanga y vale, mola, pero no voy a decir eso de “me enganchó desde el primer día”. Sí, hay mucha gente que en cuanto lo prueba se engancha, pero n mi caso no fue así, aún tardaría unos 7-8 años en engancharme de verdad. Las cosas como son, yo era más de fútbol.

Antes decía que tardé tiempo en tener pala propia. En realidad no, sería más correcto decir que tardé tiempo en empezar a elegir como toca una pala. Al poco tiempo me compré una. Durante una buena temporada me compraba las palas en las rebajas de cierto centro comercial. La más barato que había, esa compraba.

De hecho, con la primera creo que ni llegué a jugar. La compré, la guardé en el armario y ahí estuvo hasta que un amigo me la pidió prestada. Casualmente hace unos años me lo encontré y quedamos para jugar a pádel. ¡Apareció con aquella pala!

En algún punto volví a jugar a pádel. Ya empieza a picar el gusanillo, ya sabes un poco cómo posicionarte en pista, empiezas a jugar más en un lado. Es más fácil cuando de compañero tienes alguien que juega habitualmente y te va enseñando los entresijos del pádel.

Pero era una época difícil para encontrar una pista para jugar. Más allá de las pistas en urbanizaciones, tenías que tirar de las de la universidad o de pistas municipales. Además, donde solíamos ir a jugar tenías que reservar el mismo día y allí. Si llamabas por teléfono te mandaban a pastar. Coge a primera hora de la mañana y vete a reservar… y había días que ni aún así encontrabas pista. Así que, jugar una vez a la semana era un milagro.

El cambio grande vino cuando fuimos por primera vez a un club de pádel. Allá por 2011, un amigo reservó en un club, que lo cierto es que pillaba lejos, y allá que fuimos.

WPTValencia

Comenzamos con el tema de niveles. Aún me acuerdo cuando el dueño nos dijo, “os he estado viendo jugar y… como que no sois un 5 de nivel. Sis un nivel 3”. Yo no sabía ni de qué hablaba. Resulta que como mi amigo tampoco tenía ni idea, en el apartado de nivel puso 5 pensando que sería 5 de 10. Desde el primer día hinchando el nivel, ¿te suena?

Cuando vas a jugar por primera vez a un club, te das cuenta de lo malo que eres. Es así. Hasta ese momento has estado jugando pachangas de vez en cuando con tus colegas porque te divertía y ya está.

Pero, a partir de jugar en club, al comenzar a jugar contra otra gente, la cosa cambia. Ahí fue cuando a mi me picó el gusanillo del pádel. Cuando quería jugar más y más. Cuando veía que mejoraba, pero no lo suficiente.

Empiezas a jugar torneos, ligas, conoces a la mayoría de gente que va por allí… Dejas de usar las zapatillas de running y te compras unas zapatillas específicas de pádel, cambias el bañador por por un pantalón corto de deporte CON BOLSILLOS, dejas de llevar 7/8 bolas que está repartidas por toda la pista a jugar sólo con tres…

Buscas seguir divirtiéndote pero empiezas a ser más competitivo. Hay pique sano, pero al fin y al cabo pique, por ganar los partidos.

Como decía, te empiezas a preocupar más por el material que usas, empiezas a ser tú el frikie del pádel. Te aseguras que la suela de la zapatilla siga intacta y se adapte a la pista. En mi caso nuca puede faltar una muñequera, ni doble calcetín…

Pero, lo más importante, la pala de pádel. Dejas de comprar la pala más barata que encuentres y empiezas a informarte de palas que se adapten a tu juego.

Cuando no das una bola bien, algo baratito y genérico sobra. Pero cuando ves que comienzas a mejorar, que ya sabes de lo que hablas, que ya sabes jugar con las paredes, que los peloteos son largos… vamos, que tienes más aciertos que fallos, es hora de elegir una pala que se adapte a tus necesidades.

Hace unos años, ahora quizás sea algo más fácil, probar una pala específica era casi imposible. Tenías que conformarte con las marcas que tuviese el club al que fueras. Pero yo, que soy muy cabezón, como que no me conformaba con eso. Así que buscaba información sobre palas hasta decantarme por una.

via GIPHY

Sin probarlas, alguna me ha salido rana, no nos vamos a engañar. Pero vamos, recuerdo cambiar de pala y pensar, “¿Cómo podía jugar con eso antes?”. Como las pistas, antes jugabas en unas condiciones que ahora te parecen lamentables pero en aquel momento te parecían estar bien. Pasar de pista de muro al aire libre a indoor y pistas de cristal…¡vaya cambio! Pues con las palas igual.

Desde ese 2011, conforme he ido progresando mi juego habré cambiado de pala… pasando de palas redondas con mucho control, a otras con forma de diamante, acabando con las que más me gustan y se adaptan a mi juego, las de forma de lágrima con el balance no muy alto, tacto seco y algo duras y con buen control y buena potencia.

Ya no dejas la pala en el maletero, la mimas, sólo te falta dormir con ella, le pones protector, le pones más o menos overgrips…

Pasas a fijarte más en todos los aspectos de la pala, te aficionas más a una marca porque te gusta el tacto de sus palas, o porque su calidad precio te encaja.

Ya no cambias la pala porque se caiga a trozos, la cambias porque quieres probar cuantas más mejor, porque, no nos engañemos, aunque estemos jugando con una pala que nos encante, siempre vamos a estar buscando la pala perfecta. Somos así de inconformistas.

Incluso, no te conformas con llevar una sola pala en el paletero. Ahora llevas mínimo dos, de características diferentes para según qué días, o según qué condiciones.

Si tienes un buen día, de la pala suplente ni te acuerdas. Ahora, como no des una, te vas y cambias la pala pensando que no es tu culpa, es de la pala… hasta que sacas la otra y sigues dando asco.

También es cierto que cuando empecé a jugar más pensaba que a estas alturas mi nivel sería mucho más alto.

Al principio piensas “es que tengo muchos tics”. Te apuntas a clases de pádel, los eliminas, das un paso atrás en tu juego hasta que te adaptas a tu nuevo juego… Pero a la larga sigues siendo un paquete.

Echas la vista atrás y sí, es cierto que has evolucionado muchísimo desde la primera vez que jugaste a pádel, pero esos sueños de, no de ser profesional, pero sí decir me voy a hinchar a sacar bolas de la pista (que lo haces, pero no sin ser punto para ti), voy a dar guerra en ligas y torneos… y luego a las primeras de cambio te tocan la cara.

Al final con lo que te quedas es que eres un paquete, pero mientras disfrutes en la pista de pádel que te quiten lo “bailao”. ¡Siempre nos quedará el post partido!

via GIPHY

No hay comentarios

Dejar una respuesta