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Cuenta la leyenda que cada Halloween sale de su cueva un ser monstruoso y se pasea por los clubs de pádel buscando pobres incautos de los que alimentarse.

Suele aprovecharse de aquellos a los que les falta uno por completar el partido en el último momento. Nadie sabe su nombre, tampoco nadie que haya jugado con él ha vuelto a pisar una pista de pádel.

Siempre se presenta amigable al partido, mostrándose humilde, aunque dejando claro que su nivel es alto y que “prefiere jugar en el revés”. El pobre incauto que tiene por compañero ya ha caído en la trampa, pues piensa que por suerte le ha tocado un compañero majo.

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Nada más lejos de la realidad. Una vez comienza el partido y ve la pelota, cual hombre lobo con la luna llena, se transforma en un ser terrorífico. No para de aterrorizar a ese pobre compañero cada vez que falla un golpe, aunque él falle más. Cada vez le va dejando menos bolas, arrinconándolo mientras le dice, “mira y aprende”. Poco a poco, como un vampiro emocional, le va absorbiendo toda la vitalidad y sus ganas de jugar a pádel.

Poco a poco el rostro de la víctima va mutando de la alegría de jugar a pádel a la de un zombie que quiere volver bajo tierra. Solo tiene ganas de acabar con esta pesadilla y no volver a ver más a ese ser terrorífico. Poco le importa perder el partido, solo quiere que acabe cuanto antes pero, cuando lo hace, llega la estocada final. El monstruo despreciable les dice a los rivales, “Es que me ha tocado jugar con el malo”. Y desaparece en busca de una nueva víctima.

Y mientras tanto los rivales se miran entre ellos y se dicen, “¿A que ahora no te parezco tan mal compañero?”.

Así que, mucho cuidado cuando vayas a jugar a pádel porque, lo que realmente da miedo de esta historia, es que esto no solo puede pasarte en Halloween, sino cualquier día del año. ¡Muahahahahaha!

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