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Hace años, en el pádel amateur, básicamente o jugabas con tus amigos o te apuntabas a algún torneo. Hoy en día, con la expansión del pádel y con tantos clubs como hay, si te apetece jugar sólo tienes que llamar o apuntarte en alguna web o app y en cuestión de minutos ya lo tienes todo organizado.

Evidentemente, todo esto tiene pros y contras. Por ejemplo, pese a las facilidades que hay hoy en día para cerrar un partido, mucha gente prefiere jugar sólo con sus amigos por que ha tenido alguna mala experiencia cuando se ha apuntado con desconocidos.

Es por eso que vamos a ver las cosas buenas y las cosas malas de jugar con amigos y con desconocidos.

Jugando con amigos

Cuando juegas con amigos vas sobre seguro, ya sabes lo que hay. Al 99% te lo vas a pasar bien y te vas a echar unas risas con ellos.

En este tipo de partidos siempre suele haber pique, pero del sano, e incluso apuestas de quien pierda paga la cerveza de después o cosas así.

Si hay alguna discusión sobre alguna jugada dudosa, la sangre no llega al río, unas veces cede uno y otras veces cede el otro, ante todo hay buen rollo. La clave es esa, siempre hay buen rollo.

Sabes perfectamente lo que esperar de estos partidos, juegas más relajado, suelto y puedes probar cosas y jugarte bolas que en otras situaciones no harías y, si fallas, se ríen de ti y tú con ellos.

¿Y qué tiene de «malo» jugar siempre con amigos? De malo no tiene nada, por descontado. Pero sí que es cierto que saber perfectamente lo que te esperas es bueno y es malo. Ya te conoces el juego de tus rivales al dedillo, sabes dónde te suelen tirar, dónde flojean. Os conocéis demasiado bien como para que haya sorpresas.

Todo esto conlleva que os sea muy complicado mejorar vuestro juego. Jugáis siempre a lo mismo y llega un momento en el que os estancáis y para mejorar necesitáis nuevos retos y un punto más de competitividad.

Jugando con desconocidos

Aquí nos vamos a centrar exclusivamente en los amistosos o partidas abiertas. Lo que pasa en las ligas o torneos, se queda en las ligas o torneos, ya sabemos que algunos por ganar una copita matan.

Con tanta gente que juega a pádel ya, es normal encontrarse de vez en cuando algún impresentable cuando te apuntas sin conocer a los demás. Parafraseando a Forrest Gump, los amistosos en el pádel son como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar.

Ya no hablo de si la gente se hincha el nivel o de si sólo saben hacer la nevera, si no de un tema de educación en pista. Cuando juegas mucho, sobretodo con gente que no conoces, te encuentras absolutamente de todo. El problema es que luego te acuerdas de lo malo y… por eso mucha gente opta por jugar directamente con sus amigos, por que lo único que quieren es divertirse y que nadie les amargue el partido.

Yo he jugado con gente que de nivel eran bastante flojos y luego el partido era un poco entrenamiento pero por contra era gente muy maja. Otros, da igual el nivel que tengan, directamente no se les debería dejar entrar en una pista de pádel, al menos hasta que aprendan modales. Igual que hay clubes y aplicaciones para puntuar el nivel, se debería hacer lo mismo con la educación por que hay días que dan ganas de coger e irse a mitad partido.

Quitando a cierta gente, que directamente sobra, los amistosos tienen muchos puntos a favor. El primero es el apartado social, se conoce a mucha gente y, como en la vida, a los impresentables los mandas a pastar y te quedas con los que valen la pena.

Pese a ser amistosos suelen ser partidos competidos y quieres ganar sí o sí. Además, al no conocer al rival, tienes que adaptarte durante el partido y te exiges más que si juegas con amigos. Estás más atento y tratas de mantener la concentración durante todo el partido.

Al jugar con gente diferente, puedes aprender y mejorar tu nivel poco a poco. Aprendes a afrontar diferentes situaciones de partido y a jugar contra gente con diferentes tipos de juego.

¿Lo ideal? Pues un poco de todo, jugar tanto con amigos como con desconocidos.

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