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Una de las cosas más importantes a la hora de afrontar un partido de pádel es la paciencia. Si nos precipitamos, lo más seguro es que acabemos fallando, por eso hay que tratar de mantener el control en todo momento.

Sí, ya sé que es muy fácil decirlo pero, una vez que entras en la pista de pádel, las cosas cambian. Empiezas el partido manteniendo la calma pero, si las cosas no salen como esperabas, empiezas a cometer más fallos, te aceleras, pierdes la concentración y adiós muy buenas.

Cuando el partido transcurre en el mejor de los escenarios, el rival es peor que tú o, por lo que sea, vas ganando bien, es fácil mantener la calma. Continúas haciendo el juego que te está funcionando, ya que no eres tú el que tiene que remontar. La presión la tiene el rival y puedes jugar con eso.

El problema viene cuando las cosas se tuercen. El rival se te va en el marcador, o te empieza a remontar. Ahí es cuando aparecen los nervios. Sabes que tienes que hacer algo para darle la vuelta a la situación.

Es en esos momentos cuando más paciencia hay que tener. Pero es en esos momentos cuando tendemos a acelerarnos en la pista, lo cual es un error. Sí, es un error, para cambiar la tendencia del partido no hay que inmolarse.

Cuando vas perdiendo y ves que no recortas diferencias, buscas ganar puntos de forma rápida. Acortas los puntos y te la juegas a la mínima oportunidad. Si suena la flauta puede salir bien pero, normalmente, suele acabar en tragedia. Por cada punto que ganas así, pierdes otros tres, y cada bola que fallas es una losa más sobre tu moral.

No hay que confundir el jugar más agresivo con jugar a la ruleta rusa. Cuando las cosas van mal necesitas apretar más, pero siempre con cabeza. Si pierdes la paciencia te va a costar más ser capaz de analizar la situación, y tú solo vas a mermar tus posibilidades de victoria.

Por la cabeza solo te pasa la idea de “cada bola que quede mínimamente alta la remato”, sin importar desde dónde lo hagas o cómo estén posicionados los rivales. No piensas con claridad, solo piensas en ganar el punto cuanto antes mejor.

En ese momento no te das cuenta. Crees que volviendo loco el partido tienes más opciones de desconcertar al rival y darle la vuelta al partido. Pero lo que consigues así es regalarle puntos al rival.

Cuando las cosas se tuerzan, debes parar un momento a pensar porqué se ha llegado a esa situación. Trabaja más los puntos, cambia de táctica, sé más o menos conservador, busca los puntos débiles del rival. Se trata de buscar soluciones, y no de huir hacia delante.

Si se queda en el fondo de la pista, trata de moverlo. Si está siempre en la red, busca la forma de mandarlos al fondo de la pista… pero nunca pierdas la paciencia, porque entonces también perderás el partido.

Tenemos la idea de, cuando vamos perdiendo, tenemos que acelerar el juego. Puede que sí sea así en determinadas situaciones pero, al final, depende del tipo de juego del rival. Igual no necesitas ser más agresivo, sino pausar el ritmo del partido y ser más consistente.

No caigas en la precipitación, mantén la paciencia y busca siempre la mejor opción en cada punto.

*Foto de World Padel Tour

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