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Quién tuviera regularidad en pádel, ¡bendito tesoro! Pero, por unas cosas u otras, nuestro juego, de un partido a otro o, incluso, en un mismo partido, parece una montaña rusa. Pasamos de encadenar buenos momentos a otros… bueno, que no lo son tanto.

Ya no solo parece imposible no tener un mal día, sino tener un bajón en nuestro juego durante un mismo partido. Y eso es algo que no solo nos lastra de cara a el resultado final de un partido, sino también a la hora de progresar en nuestro juego porque, si no somos regulares y no logramos ser consistentes es muy complicado mejorar.

Una buena técnica nos puede ayudar a salvar determinados momentos de debilidad. Tienes la técnica y los automatismos suficientes para ejecutar correctamente los golpes, pero puede que en algún momento te pase factura, por ejemplo, el componente mental.

Unos tienen la técnica cogida con alfileres, a otros les cuesta mantener la concentración durante todo el partido, a otros el físico les pasa factura para aguantar todo un partido. A muchos jugadores amateurs hay algún factor que hace que no consigamos ser regulares en nuestro juego.

No son grandes problemas que no podamos superar, pero se necesita paciencia y jugar muchos partidos, y de forma regular.

Vale, soy un jugador irregular, ¿qué hago?

Y es que ahí está una de las claves para lograr esa regularidad, jugar habitualmente. Pero, claro, a nivel amateur nos gustaría jugar todos, o casi todos, los días, pero hay responsabilidades que no se pueden eludir y que nos permiten jugar dos o, incluso, una sola vez a la semana.

Claro, jugando una sola vez a la semana es muy complicado mejorar, quizá solo si además le sumas una clase. Si eres de los que juega pocas veces a la semana más de una vez has entrado a la pista tras unos días y te has dicho, “no me acuerdo ni de cómo se agarraba la pala”.

De un partido a otro parece que empieces de nuevo de cero, pero tú no vas con esa mentalidad, y te dices, “yo no soy tan malo”. Cuando no se tiene esa regularidad, tanto a la hora de jugar como de juego, no queda otra que afrontar cada partido con mucha paciencia.

Sé que es muy fácil decirlo, pero no queda otra. Hay que encarar el partido con mucha paciencia y dedicarle especial atención al peloteo. ¿Y los primeros puntos? Pues a pasar bola. Cuando no tienes regularidad y fallas un par de bolas, empiezas a desconfiar de tu juego. Sabes que ese golpe se te da bien pero lo fallas y, ¿qué pasa? Que empiezas a “comerte” la cabeza, te aceleras y empiezas a intentar ganar el punto rápido y, ¿qué pasa? Que fallas más y más, y acabas teniendo un mal día y piensas, “si lo sé no vengo a jugar”. Termina el partido, ha sido un desastre y te gustaría quitarte ese mal sabor cuanto antes pero, lo mismo, no vuelves a jugar hasta la semana que viene.

Cuando no somos tan buenos como para sobreponernos por nuestra técnica, no podemos abusar forzando un golpe que, de normal, dominamos, pero, por lo que sea, no entra. No se trata de que evites el golpe en concreto, pero tampoco abuses.

A falta de regularidad, paciencia. Juega con calma, juega fácil, a pasar la bola. Conforme veas que vas pasando bola, poco a poco, vas soltando el brazo. Que no te entra esa volea de revés cruzada a la reja, no pasa nada, no rehúyas del golpe, pero tampoco abuses de él. Si te queda bien para volver a hacer la volea, sin miedo, si no, no fuerces el golpe.

Ve siempre de menos a más en tu juego, de lo contrario acabarás teniendo uno de esos días en los que no te sale nada. La seguridad que te da el no fallar, o fallar poco, te ayudará a tener más regularidad, ir creciendo en tu juego y empezar jugar como sabes… otra cosa es que sepas jugar mejor o peor.

*Foto de World Padel Tour

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