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Llega Septiembre y con él, para la mayoría, se acaban las vacaciones. Vuelta a casa, al cole, a la universidad, al trabajo… vuelta a la rutina. Pero también llega el momento de volver a las pistas de pádel después de un tiempo de inactividad.

Como si del primer día de colegio se tratara, te engalanas con tus mejores ropas, desempolvas tus zapatillas, la pala, el paletero, incluso alguno con suerte puede que estrene material… y te diriges al club de pádel. Hace más de un mes que no has ido por allí y ya ni te acuerdas de cómo era. Te reencuentras con esa gente a la que sueles saludar cuando os cruzáis en el club, aunque no sepas ni cómo se llaman, te vuelves a empapar del ambiente del pádel.

Es el momento de retomar la liga, los torneos de los fines de semana, los partidos semanales con tus amigos. Otra vez toca jugársela a ver si sale cara o cruz en las partidas abiertas, si tu compañero será majo o uno de esos a los que no quieres volver a ver en tu vida, si te harán un neverazo o al salir de la pista os intercambiaréis el número de teléfono para volver a repetir el partidazo que acabáis de jugar.

Entras después de tanto tiempo a la pista pensando que ya ni te acuerdas de cómo coger la pala, pero esto es como montar en bici, después de tirar dos o tres bolas fuera de la pista sin botar en el suelo te vas reenganchando, y luego ya te das cuenta que sigues siendo igual de malo que antes, pese a las ilusiones que te habías hecho por no se sabe bien qué. Recuerdas por qué te engancha tanto el pádel después de celebrar, como si hubieses ganado un mundial, un puntazo, ya sea una dejada, una bajada de pared, sacar la bola por la puerta, sacarla x4… cada uno tiene su punto favorito.

Es el primer partido desde hace tiempo y, aunque no estés en las mejores condiciones físicas, no quieres que acabe. Te vas arrastrando casi por la pista pero te ha vuelto a picar el gusanillo del pádel y lo último que te apetece ver es a la gente que se acerca a la puerta de la pista para echarte porque ya te has pasado cinco minutos de tu hora y les toca jugar a ellos.

Sales de la pista con ganas de más, miras a ver si ha quedado alguna pista libre y jugar algunos juegos hasta que echen de allí… pero luego aún te queda ¡el postpartido! Ese rato que te quedas tomando algo con tus amigos o compañeros de partido mientras os desahogáis de alguna jugada o recordáis un punto que habéis hecho y de paso recordar lo bien que estabas de vacaciones… ¡aunque no había pádel!

Y es que algo bueno debía de tener Septiembre, ¡la vuelta al pádel!

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