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Cuando pierdes un partido piensas que no hay nada peor, pero sí, podría ser peor no poder jugar a pádel durante una temporada por lesión. Y es que, quien más y quien menos, en algún momento ha tenido alguna lesión, ya sea algo leve o, desgraciadamente, grave y de larga duración.

Cuando no has sufrido ninguna lesión eres feliz, un cabra loca que se tira a por cualquier bola, incluso no calienta antes de los partidos, te va el riesgo… hasta el día que llega una lesión. Un tirón, un mal apoyo, un esguince o algo peor. Te has roto y lo sabes, y te empiezas a comer la cabeza.

¿Y ahora qué?

Pffff ahora tener que parar, ¿cuánto tiempo voy a estar sin jugar? Si hubiera calentado, si no le hubiera pegado mal a la bola, si no me hubiera resbalado… de poco importa lo que hubieras o no hubieras hecho, no te queda otra que afrontar tu lesión, sea del grado que sea.

Es difícil pasar ese tiempo de inactividad cuando tienes mono de pádel o es la vía de escape de tu rutina diaria. Lo único que quieres es volver a jugar cuanto antes.

Ahí está uno de los principales problemas que tenemos, el querer volver cuanto antes a jugar. Es algo lógico, pero no puede ser a costa de tu recuperación.

Cuando la lesión es grave, evidentemente es mucho más duro. Mucho tiempo de reposo, rehabilitación, meses de comerse la cabeza hasta que asimilas la situación…

Una lesión a priori leve tiene otro tipo de problemas. Algo que con solo reposo se podría solucionar se puede convertir en un dolor de cabeza, y todo porque en cuanto un poco mejor decidas que ya estás listo para volver a jugar.

“Solo es un esguince leve”, te dices. En cuanto notas que te molesta menos vuelves a jugar y… ¡dolor! Tus ganas de volver a jugar han podido a tu paciencia, pero es que no quieres renunciar ni una semana a hacer deporte y a la larga lo acabas pagando.

Puede que no pase nada, o puede que agraves una lesión que iba para un par de semanas a un par de meses.

En cuanto notes dolor jugando a pádel, no hay otra que parar, por muy ligero que sea. Es mejor prevenir en ese momento y solo perderse un partido, que luego estar parado durante meses.

El componente psicológico

Con las lesiones de larga duración no queda otra que tener mucha paciencia. Sabes que no vas a volver a jugar en una larga temporada, pero lo importante es recuperarse al 100%.

Es un largo proceso de recuperación que va más allá del día que puedes volver a pisar una pista de pádel. Sí, ya puedes volver a jugar, pero llega otra etapa complicada.

Ese momento cuando empiezas a jugar pero tienes ese miedo a volver a lesionarte, notas inestabilidad, no estás cómodo en la pista. Vas con cuidado por la pista y en lo último que piensas es en el partido.

Requiere tiempo el mentalizarte y recuperar las sensaciones en pista. No porque hayas tenido una lesión grave vas a volver a recaer. Hace falta mucha paciencia e ir poco a poco, ir marcándose objetivos realistas sin forzar.

Durante las primeras semanas es normal notar inestabilidad en la zona afectada. Es algo que te va a acompañar durante una temporada. No te va a permitir centrarte en el partido, porque solo vas a poder pensar en que te molesta.

Acabas de salir de una lesión, no vas a volver y a las primeras de cambio vas a rendir al 100%. Tienes que seguir con tu proceso de recuperación hasta que un día no te des ni cuenta y en todo el partido no hayas pensado ni una vez en la lesión. No es fácil, pero con trabajo y con una mentalidad positiva, al final se sale del pozo.

Hay días mejores y peores. Unas veces crees que ya estás recuperado al 100% y al día siguiente vuelves a notar molestias y lo quieres mandar todo a la mierda. No queda otra que seguir adelante, poco a poco el dolor desaparecerá, te sentirás mejor en la pista de pádel y el miedo desaparecerá.

*Foto de World Padel Tour

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