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Todo lo que hagas en una pista de pádel influye para el resultado final. La técnica, la táctica, el componente psicológico, todo afecta para lograr nuestro objetivo, que suele ser ganar. Influye tanto el cómo juegues como lo que transmitas durante un partido.

En un partido podemos tener buenas o malas sensaciones, las cuales solemos transmitir con nuestra actitud en pista. Un partido puede ser una montaña rusa emocional. Empiezas bien, luego te hundes, y luego acabas de nuevo en alza. Esas emociones hay que saber controlarlas, no solo para mantener la concentración durante todo un partido, sino para que el rival no se aproveche de la situación.

Cuando todo va bien es muy fácil transmitir buenas sensaciones, lo complicado es cuando las cosas se tuercen. Esas situaciones donde el rival se escapa en el marcador, o nos está remontando, y comenzamos a fallar más de la cuenta, surge algún roce con el compañero, aparecen las malas caras, no hay reacción, estás cabizbajo y con mala cara…

Todo eso el rival lo nota y, como no son tontos, van a ir a hacer sangre. Es la típica situación que si los rivales os ven tocados se dicen, “Están muertos, ¡eh! Apretamos ahora”. Dejas que se crezca el rival y no van a tener compasión.

Es complicado sacar el positivismo en ciertas situaciones del partido, pero no podemos dejar ver al rival que estamos tocados porque lo único que conseguiremos será reforzarlos en su juego.

Todo pasa por hacer que les entren las dudas. Tanto si te sientes bien como si no, es importante transmitir buenas sensaciones, tanto a tu compañero como a los rivales. Si tu compañero y tú perdéis un punto os animáis y pensáis ya en el siguiente, y si lo ganáis lo celebráis.

Da igual que vayáis 40/0 abajo en el juego y hagáis el 40/15. Lo celebráis como si fuese el último punto del partido. Que el rival no se confíe, porque no les vais a dejar ganar el juego fácilmente, y le entre ese miedo de “cuidado que nos remontan”.

Animas a tu compañero, hacéis piña, peleáis cada punto como si fuera el último… y todo eso va haciendo mella en el rival, que ve que no bajáis los brazos por muy mal que vayan las cosas.

Luego podréis ganar o no, pero no se podrá negar que no lo hayáis intentado. Además, afrontar así cada punto os servirá para afrontar con mayores garantías los momentos decisivos de los partidos. Si te golpean, encajas el golpe, te vuelves a levantar, y “¡seguimos!”.

*Foto de World Padel Tour

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