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Lo ideal en el pádel sería tener un juego compensado, en el que dominásemos más o menos todos los golpes y fuésemos capaces de jugar tanto en el drive como en el revés. Pero, como de lo ideal a la realidad hay un trecho, esto es algo que no pasa en muchas ocasiones. Dominamos varios golpes pero siempre hay alguno que se nos atraganta, jugamos mejor en uno de los dos lados de la pista… Afortunadamente el pádel se juega en pareja y nuestro compañero puede compensar nuestras carencias.

En alguna ocasión hemos hablado del equilibrio en la pareja. Al final consiste en que nuestra pareja complemente nuestro juego, asumiendo cada uno su rol dentro de la pista de pádel.

Cuando juegas con el mismo compañero de forma habitual es más difícil llevarse sorpresas. Sabes cuáles son sus puntos fuertes y cuáles los débiles, y tienes más confianza en comentar las cosas. Cuando juegas cada día con un compañero diferente, esos roles son confusos, lo que hace que en ocasiones no terminemos de estar cómodos en la pista y no podamos hacer nuestro mejor juego.

Pero los roles no se ciñen únicamente al tipo de juego, ni son inflexibles. En un partido puede pasar cualquier cosa y toca cambiar el plan. Hay jugadores más tácticos, otros más agresivos, otros más defensivos, otros más protagonistas, otros más gregarios… jugadores que parten de inicio con un rol definido, pero que en cualquier momento varía, o debería variar.

En una pareja, cada uno tiene unas cualidades conforme a las cuales podemos hacer un tipo de juego.

Por ejemplo, mi compañero tiene buena pegada y yo no. Tu rol es muy importante dentro de la pareja, ya que jugarás para que él pueda terminar los puntos con su pegada. Es un trabajo “sucio”, que en muchas ocasiones pasa desapercibido, pero fundamental para sacar los puntos adelante. Tu rol consiste en desgastar al rival para que este o falle o le deje una bola franca a tu compañero para que se luzca y cierre el punto. Cada uno tiene sus virtudes y en función de eso os complementáis.

Pero, hay partidos donde los esquemas se rompen. Bien porque el rival anule nuestro juego o simplemente no sea nuestro día. A tu compañero hoy no le entra una bola o tú te has ido del partido. Hace falta un cambio, asumiendo roles diferentes, pero siempre teniendo claro que estamos haciendo lo mejor en cada situación para la pareja.

Cuando tu compañero es habitual, en ocasiones no tendréis ni que hablar para cambiar de roles. Tu compañero no tiene el día y tú, que de normal tienes un juego más conservador, tienes que dar un paso al frente y ser el líder de la pareja, el que lleve la iniciativa, haga un juego más agresivo y mantenga  al compañero hasta que se recupere. Todo esto dentro de tus posibilidades, sin hacer nada que no sepas hacer. No se trata de ponerte a pegarle a cada bola que te pase cerca, sino apretar más la bola, hay una gran diferencia entre ambos conceptos.

Lo que quiero decir es que en la pista de pádel asumimos un rol dependiendo de nuestro estilo de juego, de nuestra forma de ser y en función de nuestro compañero. Pero, en determinadas situaciones, debemos ser capaces de asumir otro rol que sea más beneficioso para la pareja.

En muchas ocasiones, cuando las cosas se tuercen, cada miembro de la pareja se pone a hacer la guerra por su cuenta, lo cual no suele acabar bien. Hay veces donde uno de los dos debe dar un paso atrás y jugar para su compañero, y otras dar un paso adelante para quitarle presión.

Por supuesto, para saber qué rol debe desempeñar cada uno en cada momento, es fundamental conocer el juego de uno mismo y el de su compañero. Si no eres autocrítico y analizas correctamente tu juego (y tu ego), lo único que conseguirás es perjudicar a la pareja, asignándote un rol que no te corresponde. Hay que ser consciente de nuestras carencias y qué podemos aportar en cada situación en la pista de pádel.

*Foto de World Padel Tour

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