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Sí, ya tocaba hablar de la red y, en particular, de la maldita cinta, esa que siempre va contra ti y a favor del rival.

Porque no nos engañemos, pocas cosas dan más rabia que cuando nuestro tiro se estrella contra la cinta y cae a nuestro lado. Una vez puede ser mala suerte, ya más es que el mundo está contra ti.

Ni un pelotazo da tanta rabia, bueno, quizás es equiparable a que te den un pelotazo y encima te digan: “Ufff, menos mal que te ha dado, porque se iba fuera”.

La cinta es odiosa, y punto. Y si encima le sumas esa protección de publicidad que le ponen ahora, ya es que te quieres morir. Eso ya no hay quien lo pase. Además, ¿no da la sensación que la red está más alta? Ya sé que no, pero al ser más ancha parece que así la red está más alta.

Esa protección es más rígida, con lo que, si de normal la bola se queda siempre de tu lado, ahora ya ni te cuento. “Bueno, por lo menos la del rival tampoco pasará” ¡Mentira! Las tuyas se quedan todas de tu parte, pero las del rival, no, las del rival pasan una tras otra mientras a ti se te queda cara de idiota.

Ese momento que pasa entre que golpea la cinta y la bola se decanta entre un lado y otro, la diferencia entre el éxito y el fracaso. Si cae en el lado del rival es un gustazo. Por mucho que pidamos perdón, por dentro estamos gritando “¡Toma, en toda tu cara!”. Si cae en tu lado te cagas en tu mala suerte.

Pero, ¿cómo puede ser?¿Qué le he hecho yo a la red?¿Qué hago mal?¿Por qué toda la suerte es para el rival?¡Siempre igual!

¡Esa pasa! Se queda rodando sobre la cinta y… no, se vuelve a quedar en tu lado. Asúmelo, la cinta no te quiere.

Lo mismo la cinta está doblada y cuando cambie de lado me entra alguna… sigue soñando.

¡Por fin! Ha dado en la cinta y ha caído del lado del rival. A lo que el rival te suelta “Para que luego te quejes”, mientras tú piensas “Da gracias de que esté la red de por medio, porque sino te ibas a enterar”.

Lo peor de todo no es perder el punto, no, lo peor es perder la concentración. Puedes tirar una bola directa contra el cristal y no inmutarte, pero como de en la cinta y se quede en tu campo… ¡aquí va a arder Troya! Porque lo acabamos achacando a la suerte, la que a ti te falta y la que le sobra al rival.

Cuanto más avanza el partido esa red cada vez te va pareciendo más alta e imponente, y esa cinta parece que tenga vida propia y tenga un imán para bloquear todos tus tiros. Esa cinta se convierte en juez y en verdugo, y tú has sido condenado a no pasar ni una.

Si el tiro es una m***** y se queda en la red no es mala suerte, es un mal tiro tuyo, si da en la cinta es mala suerte. Has tirado la moneda al aire y te ha salido cruz. ¡Maldita cinta! ¿Por qué me odias tanto?

*Foto de World Padel Tour

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