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Cuando, hace poco, escuché a Fernando Belasteguín -eterno número 1- decir que elegiría a Marta Marrero como pareja mixta y que además él cambiaría su lado de juego por jugar con ella, tuve la sensación de que ese era el mayor halago que podía recibir cualquiera que se haya metido en una pista de pádel en su vida.

Hace menos de 2 años, en el World Padel Tour de Valencia, Marrero ganaba su primer torneo profesional de pádel junto a -nada menos que- Cata Tenorio. Ahí, para mí, pasó a convertirse en una aspirante real a número 1. Hasta ese momento, la progresión había sido rápida y sin altibajos visibles. Poco tiempo después, confirmó que iba a jugar en 2.015 con Ale Salazar, formando un equipo con el objetivo claro de ganar torneos y buscar el número 1. Había pasado de jugar en 2.013 con Nela Brito -una habitual en los puestos altos del ranking- a jugar en 2.014 con Cata Tenorio -jugadora entre las primeras parejas desde hace 20 años- y, por último, con Salazar en el mejor momento de la carrera de esta.

Volviendo al anecdótico halago de Bela hacia Marrero, quiero permitirme la licencia de jugar a pensar en por qué diría algo así. Se trata de una jugadora con un juego especialmente agresivo, heredado de sus años de tenista -como sucede con varias jugadoras “top”-, pero especialmente cimentado en el trabajo diario. Así que, tenemos a una jugadora con una técnica basada en el tenis y mucha capacidad de trabajo, metemos los dos elementos en la coctelera y lo que sale es un juego adaptado al pádel a partir de unos cimientos aún muy visibles. ¿Qué quiero decir con eso? Pondré un par de ejemplos muy claros. Cada vez que veo un remate de Marta Marrero, pienso que si cogemos su estampa, recortamos la imagen y la metemos en una pista de tenis, tenemos a Marrero ejecutando un saque. Algo similar me ocurre con la volea de revés. Y alguien podría decir “¿eso es especial?¿cuántos jugadores de tenis se pasan al pádel y reproducen la técnica?”. Sí, esa respuesta tendría algo de cierto… Pero lo que tiene de especial Marrero es que ella, aún manteniendo esa técnica, ha llegado a lo más alto de un deporte diferente, cosa que no todos logran, o no logran por ese camino. Eso me lleva, de nuevo, a jugar a interpretar a Belasteguín. ¿Por qué la elige a ella? Porque tiene golpes, porque tiene un pádel dominante y agresivo pero, sobre todo, porque ha demostrado que puede hacer que su pasado sea una ventaja visible -y nunca un lastre- a base de trabajo.

Marta Marrero

Cuando veo uno de sus partidos, es inevitable que durante algún punto recuerde varias de las cosas que nos comentaba, la primera vez que le entrevistamos, Juan Alday, su entrenador casi desde sus inicios, sobre ciertas anécdotas y sobre su progresión. Recuerdo especialmente cómo hablaba de que, al cabo de muy poco tiempo de empezar a jugar, ya alcanzó cierto nivel en el ámbito catalán, pero aún era una tenista metida en una pista de pádel, con todas las diferencias a nivel de movimientos que eso implica y con el poco uso -a su favor- que hacía de las paredes. Y es ahí donde creo que tiene más mérito el trabajo de esta jugadora: en la manera de fortalecer sus puntos débiles. Pienso en esto cuando la veo defender “encerrada” en el rincón. Obviamente no es su punto fuerte, pero si fuera una auténtica debilidad, no habría llegado donde está. Y la imagino pasando una mañana tras otra metida en la pista con su entrenador, recibiendo bolas que van al rincón -seguramente no entrenan así, pero es como yo lo imagino-. Por otra parte, me parece que la gestión de ese punto “menos fuerte” es realmente muy buena por cómo lo intenta evitar. Lejos de querer adquirir un juego defensivo a partir de la nada, aquí también, aprovecha su juego agresivo para buscar la posición de contraataque para evitar caer en un juego defensivo, que no sería nunca su fuerte.

¿Quiero decir que lo que me gusta del juego de Marta Marrero es cómo defiende y cómo contragolpea? En absoluto, aunque quizás sí que sea lo que más me dice de su trabajo diario como deportista o lo que más me emociona, pero lo que más gusta de esta jugadora, y eso no creo que nadie lo vaya a negar, es la figura imponente que es en la red. Con una envergadura muy amplia y, especialmente, con un muy buen juego de pies, el rango de la pista en el que puede ganar puntos es realmente grande. Desde una volea de revés potentísima, hasta la de derecha, que abarca mucha pista por el centro, pasando por un remate liftado o plano de los más efectivos del circuito -diría que de la historia de este joven deporte-.

Marta Marrero

Aunque los jugadores profesionales rara vez son un ejemplo para los amateurs, creo que este es el caso de un espejo en el que, a pequeña escala, sí que podríamos fijarnos muchos que tenemos una base de otro deporte de raqueta. Normalmente, tenis, pero podría ser squash, tenis de mesa, bádminton… Incluso otros deportes con gestos que podrían recordar al padel, como el voleibol. Se trata de una jugadora que ha adaptado una técnica reconocible del tenis y la ha convertido en tremendamente efectiva en el pádel mediante explotación de los puntos fuertes y trabajo de los flacos, siempre con el punto de mira de aprovechar sus virtudes. ¿Cómo podría hacer ese remate tan natural y que tanto no gusta ver si antes no hiciera dos o tres bandejas hasta poder “pegar” el remate?

Así que… Dicho todo esto… ¡Yo también jugaría en la derecha por tener una compañera así al lado!

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