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Hay veces en que da igual el rival que tengas delante, lo bueno o menos bueno que sea tu compañero, las condiciones de la pista o cualquier otro factor externo. Tu principal rival acabas siendo tú mismo.

Te acaba haciendo más daño tu autocrítica que los golpes del rival. Te exiges demasiado y eso acaba repercutiendo en tu juego, pero de una forma negativa.

En los partidos, aunque sea una pachanga, hay tensión. Todos quieren ganar y cada punto se juega como si fuera el último. Incluso, alguno los celebra como si fuera la final de un mundial.

La cuestión es que, en el pádel, el componente mental juega un papel fundamental. Ya puedes ser muy bueno que, si mentalmente eres débil, acabarás perdiendo.

Quieres ganar, y lo último que quieres es cagarla. El problema es que ese pensamiento no se te va de la cabeza durante todo el partido y, poco a poco, te va minando la moral.

“Esa bola no la tenía que haber fallado”, “No sé hacer ni una simple bandeja”, “Ay si la fallo”. No paran de venirte pensamientos negativos a la cabeza. Te exiges no fallar una bola pero, en el pádel amateur, eso es misión imposible.

Ya lo hemos hablado en alguna ocasión, hay que aprender a convivir con el fallo. Una vez que fallas, analizas el porqué, tomas nota, y pasa página. Fallar una bola no es el fin del mundo, quedarse atascado en ese fallo, seguramente, sí que suponga el fin del partido para ti.

Lo mismo pasa cuando estás haciendo un partidazo y llega ese juego para cerrar el partido. Has estado concentrado todo el partido y, de pronto, sólo puedes pensar en que la vas a cagar.

Suficiente tensión hay en ese momento como para que te añadas más. Es en ese momento cuando sí que vas a fallar. Se te agarrota el brazo, la bola no te corre, pareces un flan…y la acabas fallando.

Tener autocrítica y querer ganar son cosas buenas, pero no nos pueden suponer un extra de presión en nuestro juego. Un jugador que tenga autocrítica va a ser capaz de saber qué puntos fuertes  y débiles tiene y de sacarle el mayor partido posible, pero siempre dentro de unos límites. No te puedes culpar de cada punto que os haga el rival.

Cuando te bloqueas, miras la pala, la pista… buscas un culpable de que no des ni una en ese momento, pero el problema está en tu cabeza, porque estás pensando en lo que no tienes que pensar, te has añadido una presión que no soportas y eres incapaz de devolver una bola en condiciones.

Hay que cambiar esos pensamientos negativos. Hace falta ser bueno técnica y tácticamente, pero también mentalmente. No pienses que vas fallar, piensa en que vas a hacer todo lo posible por ganar el punto. Que luego fallas, repito, todo el mundo falla. Mantén la concentración en todo momento, da igual cuan bueno sea el rival, sé siempre positivo.

Trata de jugar relajado, sé positivo, no pienses que puedes fallar o perder, piensa que puedes ganar. Piensa que juegas a pádel para disfrutar, piensa en cómo afrontar cada punto, piensa que el fallo forma parte del juego, piensa que tu compañero también falla, y que tus rivales también lo hacen. No te aceleres en tu juego, juega siempre con cabeza, no pensando en lo que podrías haber hecho, sino en lo que puedes hacer.

Al final, pueden pasar dos cosas, que ganes o que pierdas. Si pierdes, mañana será otro día, eso sí, que sea porque te ha ganado el rival, y no porque hayas perdido contra ti mismo.

*Foto de World Padel Tour

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