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Cuántas veces habrás escuchado, o dicho, el “¡Mía!” en una pista de pádel. Una indicación breve y concisa que no siempre acaba bien

En situaciones de duda, como una bola al centro de la pista, siempre es bueno que, si no tenemos claro quién debería ir, que lo haga el que mejor esté posicionado y que lo cante con el “¡mía!” para que no pase lo típico de “meto la pala, pero como veo a mi compañero llegar la quito para que le de él, pero mi compañero piensa que le voy a dar yo y no le da tiempo a reaccionar y la bola acaba pasando entre los dos sin que nadie le de”. Ahí es un buen momento para un “¡mía!” y adiós problemas.

Ese “¡mía!” es fundamental para acciones en los que cualquiera de los dos podría ir a por la bola, pero así dejamos claro que va uno, el que en mejor posición se encuentre, para evitar malentendidos y, también, que nos descoloquemos en la pista. Antes del partido debemos tener hablado quién va a por las bolas del centro, tanto en la red como en el fondo de pista, pero, aún así, siempre surge alguna jugada dudosa donde es necesaria la comunicación, centrándonos en el “¡mía!” y evitando, o bien el silencio y que acabes dando a la pala de tu compañero, o bien otro clásico del pádel, el “¡tuya!”

Uno la caga, no llega a la bola y, aunque su compañero esté en el quinto pino, le grita “¡tuya!”. Y su compañero, como es Superman, llega como si nada a esa bola y gana el punto. Ese “¡tuya!” de “la he cagado yo, pero te paso a ti la responsabilidad y si no llegas es culpa tuya, que yo te he avisado”.

Pero, volviendo al “¡mía!”, siempre está el que se aprovecha. Te llega una bola cómoda para rematar, estás armando el brazo y… “¡mía¡”. Te da el tiempo justo de girar la cabeza en la dirección en la que viene el grito para ver cómo tu compañero se aproxima en estampida hacía ti con la pala en alto. “Hasta aquí hemos llegado”, piensas mientras cierras los ojos y esperas lo peor.

Puede ser que llegue, remate y gane el punto. Pero, también puede que no cierre el punto y haya dejado toda su parte de la pista sin cubrir y el rival defina fácil en su rincón, por ejemplo.

Una cosa es pedir una bola, por ejemplo, que va al centro de la pista y, estando tú en el revés llegas mejor para pegarle y la pides. Y otra muy diferente es invadir la parte de pista del compañero, empotrándolo casi contra la pared lateral, para rematar forzado.

“Esa bola me venía perfecta a mi”, “Ah, pues haberla pedido como yo he hecho”.

No vale con pedirse la bola y ya todo solucionado. Hay que saber medir y ver hasta dónde podemos abarcar para llegar y hacer un golpe en condiciones que después no nos deje vendidos, teniendo en cuenta además la posición y las posibilidades del compañero en la jugada.

Siempre hay situaciones en que tu compañero te dice, “prefiero que si la bola me viene al revés con un globo a mitad pista vayas tú”, pero bien diferente es entrar a lo loco a robar una bola al compañero porque te creas un pro.

*Foto de World Padel Tour

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