Pádel se escribe con eñe. De momento.

Pádel se escribe con eñe. De momento.

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Pádel se escribe con eñe. De momento.

Hoy compartimos este artículo de uno de los mejores coach del mundo de pádel, Martín Echegaray, en el que reflexiona sobre la españolización del término paddle a pádel.

Lo del paddle es muy curioso. Sí, el que se escribe con dos des antes de la ele. Ese es el deporte que dio origen al nombre del nuestro. Primero se lo tomamos prestado —o se lo robamos, no sé qué diría Corcuera al respecto— y después lo españolizamos como pádel justo a tiempo mientras nuestro deporte es dominado por países de habla hispana. Por cierto, ¿hasta cuándo seguiremos los de la «ñ» manteniendo el control? Creo que estamos haciendo grandes esfuerzos por perderlo, pero eso ya es tema de otro artículo.

¿Y por qué es curioso lo del paddle? Porque siendo un deporte mucho más antiguo que el nuestro —aproximadamente se creó en 1900— ha claudicado hace no mucho y se ha rebautizado. Ahora se llama Pop Tennis, por tenis popular. Este deporte que se juega en EEUU aparentemente tuvo una serie de conflictos internos —nosotros jamás caeríamos en eso, ¿no?— incluyendo dos versiones de reglas. Pero la verdadera razón que los llevó al cambio en su denominación, esgrimida por ellos, es la confusión que se creaba con los nombres dada la cantidad de disciplinas similares que se estaban jugando. Supongo que «nuestro pádel» tendrá un porcentaje alto en esa culpa. Pero supongo también que más que la cantidad de nombres el problema potencial era el impulso que justamente el pádel estaba tomando internacionalmente. Eso jugaría en contra del paddle tennis seguramente, si quería seguir llamándose así y a la vez pretendía internacionalizarse también. Por lo que en 2014 se refundaron con rebranding incluido. Bien por ellos.

Por nuestra parte también fuimos inestables con el nombre. Recuerdo que cuando yo empecé a jugarlo en Argentina se llamaba «Paddle Tenis Argentino», nombre que duró muy poco y rápidamente yo ya estaba jugando al paddle (sí, con la palabra inglesa todavía). Y esa doble de antes de la ele se usó durante no pocos años en Argentina y en otros países. Hasta que en 2005 la Real Academia Española mencionó en su Diccionario Panhispánico de Dudas el término pádel. Porque era el que ya se usaba en España para nuestro deporte. Y después, en la 23ª edición —la vigente desde 2014 hasta hoy— lo incluyó en su listado de términos. Pero mucho antes, el grupo de trabajo original de padelistas españoles que después originaría la Federación Española también jugó con el nombre. Como tenían que registrar su organización y el pádel no estaba reconocido administrativamente, usaron la sigla P.A.D.E.L: “promoción de actividades deportivas, educativas y lúdicas”. Bien por ellos también.

Pero a mí hay algo que me parece más curioso todavía. En general, a los deportes cuyo nombre se origina en un término inglés y después se los practica en países con otra lengua, o se les respeta el nombre literalmente (squash), o se los «nacionaliza» (fútbol o, en nuestro caso, pádel). Pero lo que al menos yo no había visto hasta ahora es que el término ya españolizado fuera después asumido por sus «dueños originales». La Federación de Tenis de Gran Bretaña (LTA), por ejemplo, es la que ahora rige los destinos del pádel allí y su sección para nuestro deporte se llama Padel y no Paddle. Antes esa gestión la llevaba otra organización que se llamaba British Padel. Supongo que meterle la tilde ya hubiese sido too much, ¿no?

Pero ahí no queda la cosa. Federación irlandesa: Padel Federation of Ireland; y lo mismo con Australia, EEUU, Canadá. Obviamente ya es una imposición que aceptan todos los países, incluso los que ya estaban en este baile antes de la españolización del nombre, pero podría haber sido de otro modo. En Italia, hasta que el control del pádel lo asumió la federación de tenis seguían usando el término paddle, y hay quienes allí todavía lo usan.

Entonces, pádel viene de paddle que significa algo así como un remo corto con una superficie de madera amplia para desplazar el agua o algo que se asemeje a eso, como por ejemplo la pala que usamos para jugar nosotros y otros deportes similares. Pero atención: nosotros españolizamos pero no tradujimos, como sí hizo el baloncesto. De lo contrario tendríamos que habernos llamado simplemente «pala», por ejemplo, o «tenis con pala». Pero no aclaremos, que oscurece. Sigamos como pádel.

En fin, que con el pádel se ha armado un buen lío lingüístico. Imagino dentro de, digamos, cincuenta años a un hipotético presidente angloparlante de la FIP pensando:

Why didn’t they call it paddle? Should we change it?

Haré todo lo posible pero, según mis cálculos, llegaré muy justo para escuchar cómo se resolvería esta cuestión. Y quizás si llegara a escucharla con la edad que tendré probablemente no la entendería. Pero si me preguntaran, yo seguiría sin cambios. Las tácticas ganadoras, dicen, no se tocan.

M.E.

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