Compartir

Si hace unos días hablábamos de “El peor partido de pádel del mundo”, hoy toca hablar de lo opuesto, ese partido de pádel soñado, en el que te sale todo y sales de la pista con una sonrisa en la cara.

El partido  de pádel soñado

No nos engañemos, las horas antes de jugar un partido fantaseas con que hoy va a ser el día, hoy va a ser tu partido perfecto, que te va a salir todo y que vas a ganar, por supuesto.

Te mentalizas de que todo va a salir bien, visualizas el partido y te preparas a conciencia para afrontarlo.

Quedas con tu compañero un buen rato antes del partido. Habláis para tener claro cómo vais a jugar, y luego hacéis un buen calentamiento.

Llegan los rivales y entráis en la pista. En ese momento, en tu cabeza ya no hay sitio nada más que para el partido. Durante esos 90 minutos no hay cabida a tus preocupaciones cotidianas, en tu cabeza sólo existís tu compañero y tú, y dos rivales a los que vas a ganar.

Comienza el peloteo y ya estás totalmente mentalizado. Lo aprovechas para empezar a calentar el brazo pero sin enseñar tus cartas al rival, simplemente estás “estirando”, tomando contacto con la pista.

Una vez empieza el partido sabes lo que hay que hacer, ya lo has hablado con tu compañero, ahora depende de ti.

Los primeros juegos los aprovechas para estudiar al rival. ¿Cuáles son sus mejores golpes? ¿Cómo se compenetra con su compañero? ¿Dónde flojean? Tratando de pasar mucha bola de inicio hasta encontrarte al 100%.

Eres consciente que si empiezas a jugarte bolas desde el primer punto, acabarás fallando más de la cuenta y puede provocar que tu moral se resienta y que el rival se vaya en el marcador.

Así que, sin regalar puntos, comenzamos a pasar bola pero sin renunciar a nuestro juego. Simplemente se trata de no arriesgar en los primeros juegos.

Digamos que estamos usando los primeros juegos de tanteo. Hasta que eres consciente de una cosa fundamental, de tus sensaciones en la pista.

En busca del partido de pádel soñado

Sensaciones en la pista de pádel

Hay días en los que da igual lo que hagas, no estás. Intentas jugar fácil pero lo dichosa bola no entra, se va una y otra vez al cristal, a la red… y el brazo se te va encogiendo cada vez más hasta que se acaba el partido y has perdido.

Pero como hoy ese no es el caso, te sientes bien en la pista. Así que empiezas a apretar un poco a la bola.

Ves que va bien, y poco a poco empiezas a ahogar al rival con tus golpes. Te sientes con la confianza suficiente como para empezar a desplegar todo tu repertorio.

¡Vaya! Has fallado una bola. ¿Era evitable? Puede ser, pero la opción elegida era buena, así que no te afecta. Hoy nada te va a minar la moral.

Ni un rival que te intenta robar bolas usando todas sus artimañas puede contigo, ¡te sientes genial en la pista de pádel!

Te salen todos tus golpes porque tienes toda la confianza del mundo en lo que estás haciendo, pero sin caer en el error de confiarte. Tampoco vas a hacer cosas que no sabes, ni te vas a jugar cada bola que te venga. Eso sería un error, ¡y lo sabes!

Miras a los rivales y los ves hacer gestos, están desesperados. Tu compañero y tú estáis siendo un muro en defensa y estáis definiendo en la red como casi nunca. Te está saliendo todo y piensas, ¿que no haré un euromillón ahora cuando acabemos? ¡Hoy estoy en racha!

Toca cerrar el partido

Pero hay que cerrar el partido, y ya sabes lo que cuesta a veces cerrar el partido. Te llega la primera opción para cerrarlo y no lo consigues. No pasa nada te dices, es una pena pero no me afectar.

El rival también juega y, aunque estés siendo muy superior, hay que respetarlo y cerrar el partido en cuanto puedas. No podemos tirar este partidazo por la borda, dejar que aparezcan los nervios y que el partido soñado se convierta en una pesadilla.

A la primera no hemos cerrado, pero a la segunda lo conseguiremos, piensas “pensat i fet”. Segunda bola de partido y victoria.

Victoria y algo más. Esa sensación de que el partido de hoy ha sido brillante y que ni en tus mejores sueños esperabas que fuese así.

Foto de World Padel Tour Paquito Navarro y Sanyo Gutiérrez - En busca del partido de pádel soñado

Conclusión

Y es que no hay nada como la concentración y la confianza en el juego de uno mismo, sin caer en la arrogancia y pensar que vas a ganar sin jugar. Que no se te olvide el respeto, que los de enfrente también juegan.

Si mantienes la cabeza fría, ¿por qué no puede ser hoy tu partido de pádel soñado?

*Fotos de World Padel Tour

No hay comentarios

Dejar una respuesta