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El pádel es un deporte donde las sensaciones influyen mucho. En un partido en el que tienes malas sensaciones, ya puedes intentarlo todo, que parece que no sale nada. Con las palas ocurre lo mismo, te pones a jugar con una pala, no te sientes cómodo y a mitad partido va y cambias por otra que lleves en el paletero. No tienes buenas sensaciones y pruebas cualquier cosa para cambiarlo.

Lo que buscas en una pala de pádel

Cuando elegimos una pala de pádel nos fijamos en que tenga eso que buscamos: que tenga más potencia que tu pala vieja, que siga teniendo un punto dulce amplio, que tenga más o menos salida de bola, que no me cargue el brazo, que tenga una determinada forma, que sea una pala más dura/blanda…

Al final eliges una pala que, a priori, tiene todo lo que buscas y con la que piensas que vas a mejorar. Ahí ya podríamos hablar horas sobre si es una buena elección o no el hecho de ir a por una pala que tiene lo que buscas o deberías haber elegido una pala centrada en tus mejores cualidades. Solemos caer en el error de buscar una pala con más potencia cuando lo que debemos hacer si queremos más pegada es mejorar nuestra técnica, pero esto es otro tema.

Bueno, ya tenemos nuestra pala, que tiene todo lo que quería. La pruebas en un partido y dices “sí, esto es lo que buscaba… pero hay algo que falla”. Me da todo lo que pido a la pala pero no me transmite buenas sensaciones, no termino de estar cómodo en la pista.

“Necesitaré adaptarme”, piensas. Pero pasan los partidos y sigues con ese runrun en la cabeza “no juego cómodo”. Y es que hay un aspecto fundamental a la hora de elegir una pala y es el tacto.

Lo que realmente necesitas

El tacto de una pala va más allá de la dureza. Adaptarte a una pala algo más blanda o más dura puede costar pero más o menos te puedes llegar a acostumbrar. Pero esa sensación de al impactar la bola no sentirla, a eso no logras acostumbrarte.

Sabes que es una pala buena, mejor que la que tenías, la gana en todo menos en una cosa, en comodidad. De hecho te preguntas, “¿vale la pena sacrificar la comodidad por el plus que me da la pala nueva?“.

En un primer momento te dices que sí que vale la pena porque te terminarás haciendo a la pala, pero pasan los partidos y sigues sin sentirte cómodo, hasta que la pala termina en el paletero para volver a tu pala antigua.

Es un hecho que la pala a nivel técnico te daba lo que buscabas, pero las sensaciones mandan y, al final, si no juegas cómodo no puedes sacar lo mejor de ti en la pista de pádel.

A unos les gusta una pala con un tacto más seco, a otros más esponjoso, que de la sensación de pala compacta, que de la sensación que la bola flota al impactar con la pala… y es algo curioso porque es el punto más importante a la hora de elegir una pala, pero solo podremos saber si de verdad nos gusta al probarla en una pista de pádel.

*Foto de World Padel Tour 

 

 

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