Hoy toca hablar de esas cosas que nos pasan en la pista de pádel y que a la larga se convierten en anécdotas que terminas por contarle a todo el mundo con el que te cruzas o, por el contrario, preferirías que nadie se enterase pero tus queridos amigos ya se lo han contado hasta a tu madre.
Unas veces las recuerdas en el sitio más inesperado y no puedes para de reír como un imbécil, mientras la gente te mira como diciendo «¿pero qué le pasa a este zumbado?». Otras veces simplemente piensas «¿por qué me pasan a mí estas cosas?».
Personalmente, me han pasado muchas, ya son muchos años jugando a pádel y me han pasado cosas graciosas, aunque también he vivido otras situaciones en las que he pensado más de una vez «Mátame camión».
A continuación os voy a contar algunas y luego, si queréis, podéis contarnos las vuestras, y así nos reímos todos, no sólo vosotros…
Comenzaré recordando una anécdota de hace muchos años, en un club de pádel, de cuyo nombre no quiero acordarme… Era una noche fría, club indoor situado en un polígono industrial no muy lejos, pero tampoco muy cerca de Valencia (la de gasolina que me dejaba por el camino). Yo ya cambiadito de arriba a abajo, listo para jugar el partido de liga que teníamos a las 22:30h (sí, tarde de cojones) me llama mi compañero diciéndome que llegaría unos 10 minutos tarde. Ingenuo de mí le creí, pero cuál fue mi sorpresa cuando a nuestros rivales en el intervalo desde el momento en el que les avisé del retraso (sí, retraso además mental el de mi querido compañero), hasta el momento en el que el susodicho hijo de …. llegó, les dio tiempo a cenar y hacer reposo. Calculo que se retrasó sobre 45 minutos, mientras yo esperaba cual Calimero pensando en su famosa frase «me han abandonado» y cagándome de frío.
La culpa es mía, lo sé, pues me lo volvió a hacer. Pero en una de ellas fue más sangrante, ya que cuando llegó, mientras peloteaba yo con los rivales, se acercó a mi y me dijo «Oye, ¿no tendrás otros pantalones cortos? Si no, no pasa nada, juego en vaqueros». Para matarlo. Desde entonces ya se ha comprado dos o tres pantalones más en distintos clubes.
Esta persona sólo ha sido puntual una vez. Sí, ¡pero en el club equivocado! Quedamos en un grupo de WhatsApp que tenemos, y mira que se puso bien claro la hora y el lugar donde jugábamos. Pues media hora antes del partido nos manda un mensaje diciendo que ya está en el club. Todo esto lo leía yo mientras llegaba y en el momento que el primero de los demás llegó al club y le dijo que no lo veía… qué risas, el tío en otro club a unos 20 minutos de distancia.
Recuerdo otra muy graciosa, menos para la persona afectada. El rival trató de traerse la bola a su campo, y mi compañero, que suele llegar a todas, en esta ocasión hizo una carrera un poco rara. En vez de correr en línea recta, corrió dando un rodeo, por lo que no llegó por poco. Lamentándose de esto, todo sin dejar de correr, pegó un salto de rabia, que tampoco pegó saltando recto, sino de lado, con lo que se dio con toda la frente (y es que tiene una buena frente) con la reja de la parte superior de la puerta de la pista, que no tenía protección. Vamos, que terminó con una raja en la frente que parecía una hucha.
Y la cosa sigue de golpes. Jugando con otro compañero, estábamos en el peloteo cuando me giro y lo veo en el suelo. Pensaba que se habría hecho un esguince, pero no. Resulta que devolviendo una bola con un golpe de derecha y, no sé cómo, envolviendo tanto el golpe que terminó dándose con la pala en el ojo. Seguro que duele mucho pero, en el momento, cuando te lo cuentan te ríes. Afortunadamente hoy en día ve bien, pero en aquel partido me dijo «Por ese lado sólo veo sombras». Lo bueno es que ya teníamos excusa por si perdíamos, que lo hicimos.
Ya os he contado algunos golpes que se han llevado otros, ahora creo que toca alguno que me he llevado yo. Ha habido otros en los que he acabado lesionado, pero este fue especialmente doloroso para mi. Nuevamente en un peloteo, estaba yo voleando en la red cuando al de mi cruzado se le escapa una bola en mi dirección. La devolví con tal mala suerte que en ese momento, el de mi paralelo, soltó un misil en mi dirección, quedándome yo sin posibilidad de reacción. Que no os digan que no se puede medir la tragedia, en mi caso fue de aproximadamente dos centímetros, la distancia entre el punto de impacto y mi testículo derecho. Me libré por poco, pero el dolor, ¡vaya dolor!, además del tercer huevo que me salió durante un tiempo. Así que, por favor, en el peloteo ritmo suave, gracias.
Una de las anécdotas más surrealista que recuerdo fue durante un torneo de World Padel Tour que estábamos cubriendo, en el club oficial, en una franja que no había partido, estaban jugando amateurs como tú o como yo, pero había uno que era especial. Era una partida de 4.0 creo recordar y el amigo iba de sobradete, aunque no lo parecía. Pues bien, mientras comíamos fuimos testigos de su repertorio de golpes durante el partido. Claramente no estaba a la altura del resto. En un momento dado dijo, «Esta pala es una mierda, esperad mientras voy a por otra». Primera bola, remate x4 que se va sin tocar el suelo. Bueno, un fallo lo tiene cualquiera, pero el culmen llegó con una bandeja. Sí, amigos y amigas, una simple bandeja que el figura sacó x3 sin pasar por la casilla de salida. No sólo no tocó el suelo en ningún momento, sino que dudo que llegara siquiera a pasar la red si siguiéramos su trazado lateral. Nunca había visto una bandeja así.
Como veo que me he alargado mucho, por hoy lo vamos a dejar aquí y, si os gusta, continuaremos con una segunda parte, ya que me queda para rato. Si queréis enviarnos vuestras anécdotas, con mucho gusto las incluiremos en el siguiente artículo.







