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Muchos de los jugadores amateurs solemos pasar por unas fases que acaban convirtiéndose en un bucle. Suele pasar que antes de un partido, como es normal, vamos con toda la ilusión del mundo, hasta que en algún momento la cosa se tuerce.

Cuando todo va bien todo es maravilloso, eres muy bueno y, por qué no decirlo, te creces un poco pero, cuando llega el primer bache en tu juego…

La hora de las excusas

En cuanto la cosa se tuerce y no rendimos como esperamos… no es nuestra culpa. La culpa es de la pala, que es una basura, del compañero porque te ha tocado el más malo y te saca del partido, de la pista que está en malas condiciones, de los rivales que te desconcentran… solemos poner excusas en vez de asumir que, o bien no estamos teniendo un buen día o, simplemente, no somos tan buenos como nos creíamos.

Los hay quienes afrontan el problema, analizan los errores que han cometido y son capaces de salir del bucle y los hay que quedan atrapados como si de arenas movedizas se trataran, pasando a la siguiente fase.

El mundo está contra mi

Cuando estás jugando mal, ya sea puntual o habitual, lo peor que puedes hacer es dejarte llevar. Te cabreas, te abstraes del juego y te pones en modo escopeta de feria. Te aferras a cualquier excusa y piensas “hoy ya poco se puede hacer”.

Te cabreas con el mundo en vez de tratar de solucionarlo y tiras el partido a la basura sin pensar que no estás jugando solo. A la tercera bola que fallas ya has desconectado y ya estás pensando en el próximo día.

Mañana será otro día

Claro, porque el próximo día va a ir todo rodado. Lo de hoy solo ha sido un mal día, la próxima vez tendré un compañero que no de asco, jugaré con otra pala… Ya verás, la próxima vez seguro que va mejor.

Pero vas de mal día en mal día. Se acumulan hasta el punto en que ya son más días malos que buenos.

¿De verdad soy tan malo?

Llega un momento en el que después de que no des ni una partido tras partido te preguntas si eres así de malo.

Cuesta abajo y sin frenos, llegas a perder la motivación hasta de jugar. Estás totalmente bloqueado cuando juegas y no lo disfrutas.

Empiezas a darte cuenta de que lo mismo no era la pala lo que fallaba, que eras tú el que le estaba dando mal a la bola, que lo mismo tu compañero no era tan malo… ¿Y ahora qué?

Lo afrontas o sigues en tu mundo

Nunca es tarde para salir del bache, solo debes asumir que no has estado haciendo las cosas bien o que has perdido de vista el objetivo que tenías cuando empezaste a jugar a pádel.

Unos lo asumen y deciden ponerle remedio. Analizas tus errores y ves que no te posicionas como deberías, y por eso siempre llegas tarde a golpear la bola, que no te compenetras bien con tu compañero y que falta comunicación o, simplemente, que no tienes el nivel que pensabas y necesitas jugar con otras personas de tu mismo nivel.

Otros siguen en su mundo sin asumir que algo están haciendo mal. No mejorará en la vida, no se divertirá y seguirá auto engañándose día tras día.

No debes ni ser demasiado exigente contigo mismo ni creerte más de lo que eres. Malos días tenemos todos, pero no todos los días pueden ser malos. Por bueno que te creas, siempre puedes mejoras. Por malo que seas, piensa que, a poco que hagas, puedes mejorar. Lo importante es dejar las excusas a un lado y ser consciente de dónde fallas, y así evitar caer en un bucle del que luego es muy difícil de salir.

*Foto de World Padel Tour

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