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Hay momentos en los partidos con un exceso de tensión, o que no estamos tan finos como nos gustaría, en los que acabamos soltando todo lo que tenemos acumulado en un grito de desahogo, ya sea de celebración o de frustración.

Momento de liberación

Ese tipo de liberación es necesario. Hay que soltar lo que llevas dentro y no guardártelo, porque sino nos va a pasar factura mentalmente. Se va a ir haciendo una bola hasta que acabemos explotando.

Eso sí, siempre con educación hacia el rival. También es cierto que habrá quien se lo tome mal por muy respetuoso que seas, ya sabes, vivimos en la era de los ofendiditos. Igualmente, en muchas ocasiones aunque lo estemos celebrando con un ¡vamos!, por dentro estamos gritando, ¡chúpate esa! cuando el rival es un poco especialito…

Esa celebración de un punto, siempre con tu compañero, debe servir como un punto de inflexión si las cosas no os estaban saliendo. Que sirva como liberación y que marque el inicio de una remontada, por ejemplo.

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Cuando las cosas van mal y ganas un punto importante es ¡vamos! (o lo que quiera que grites), además de hacer que no os rindáis, puede ser un mensaje claro al rival de que aún no estáis muertos.

Si va bien las cosas e, igualmente, lográis un punto importante, ese ánimo reafirma vuestro trabajo, y podéis comerle un poco más la moral al rival, que ve cómo no os relajáis y no hay forma de meteros mano.

Pero, qué pasa cuando perdéis un punto importante o no sois capaces de enderezar el rumbo. Es muy normal cuando las cosas no salen agachar la cabeza y pensar que hoy no es tu día. Aún tienes en la retina ese fallo que lo podría haber cambiado todo, logrando solo acumular rabia y frustración.

Aunque pueda parecer un signo de debilidad, pegar un grito de rabia tras perder un punto no tiene porqué ser negativo. Grita, desahógate, y acto seguido empieza de cero. Que sirva como reacción. Has fallado, ya está, ahora piensa en lo que queda por delante y no lo que ha pasado hasta ahora. Que esa frustración se quede en el espacio entre puntos y no durante el punto.

Todas las emociones que pueden hacer que nos desconcentremos, liberémoslas entre punto y punto, y tratemos de afrontar lo más calmados y con la máxima concentración todos los puntos.

Respeto ante todo

Parece que nos movamos de extremo a extremo. En ocasiones unos se pasan pidiendo perdón y otros celebran puntos tras dar en la cinta y tener la suerte de que caiga del otro lado.

En algún punto tiene que haber un límite. Celebrar un punto con tu compañero está bien, ahora, si el punto viene de un fallo del rival, no queda muy bonito. Chocas la mano con tu compañero porque habéis ganado un punto, pero sin regocijarte en el fallo ajeno.

Otra cosa que sobra son las celebraciones en la cara del rival. Por mucho pique que haya, debe haber un mínimo de respeto. Por mucho que, como decía antes, pienses “¡chúpate esa!”, no faltes el respeto al rival.

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Tampoco es necesario pedir perdón por hasta haber nacido. Si tu bola da en la cinta y cae en su lado, o le das un pelotazo, sí. Pero tampoco necesitamos estar pidiendo perdón por cada punto que hagamos.

Todos necesitamos un momento de liberación durante los partidos, es inevitable, lo importante es saber en qué momento hacerlo y con un mínimo de respeto al rival.

*Foto de World Padel Tour

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