El partido entre su amigo “Agus” Tapia y Arturito Coello contra Lebrón-Stupa acababa de comenzar cuando Paulo Dybala, acompañado por su esposa Oriana Sabatini, llegó al Allianz Cloud para disfrutar de la primera semifinal masculina del Oysho Milano Premier Padel P1. Sonriente y relajado, demuestra estar muy bien informado y lleno de pasión por la pala: “Sí, sé cómo van, lo estaba viendo en el móvil mientras veníamos para acá”.
El paseo por el túnel que lleva a la pista central, junto a Alessandro Fontana, Communication & Marketing Project Manager del NSA Group, organizador del torneo, fue la ocasión para un encuentro casual con la número tres del mundo Paula Josemaría, que junto a Ari Sánchez había conquistado la primera semifinal. Paulo y Oriana conversaron con “Paulita”, se interesaron por su trayectoria y le desearon mucha suerte para la final de mañana.
Cuando Dybala apareció en la pista central por la entrada de los jugadores, el murmullo del público se transformó rápidamente en un grito unánime: “¡Es Paulo!”. El símbolo de la AS Roma, antes de sentarse en la grada, saludó al presidente de la Federación Internacional de Pádel, Luigi Carraro, y luego al CEO del NSA Group, Marco Gamberale, antes de fundirse en un abrazo entre ex juventinos con Claudio Marchisio, también presente en el Allianz Cloud.
Después, el partido y el recuerdo del simpático momento del año pasado: Tapia, tras ganar la final, subió a la grada con dos palas y entregó una a Paulo y otra a Leandro Paredes, recibiendo a cambio una camiseta de la selección argentina y otra de la Roma. Una imagen que dio la vuelta a las redes durante meses.
Un año después, le preguntamos a Paulo si había llegado a usar aquella pala: “¡Por supuesto! Claro que la usé. Juego poco, obviamente, solo en vacaciones, pero sí, la usé”. ¿Y cómo le fue? ¿Hubo efecto Tapia en sus manos? El crack de la Roma se ríe y responde con humor: “Diría que no cambió mucho ni siquiera con su pala… así que me temo que no hay mucho que hacer”.
*Foto de PADELFIP







