«Lo único que importa es el mate». Puede que sea verdad, pero en la vida de Rama Valenzuela, para todos Rama, también el pádel tiene un papel enorme: el deporte que lo llevó a tomar un vuelo solo de ida desde Argentina hacia España, una mina inagotable de talento, donde este joven de 20 años está convirtiéndose en hombre y jugador.
Su conexión con Milán nació el año pasado: junto a Pol Hernández hizo sufrir a Fede Chingotto y Ale Galán, perdió en dos sets larguísimos, pero salió entre aplausos. Italia se dio cuenta de él: «Lo recuerdo todo perfectamente —admite Rama—. Fue un partido especial para mí». Tan especial que quiso ganarse otro: al vencer en segunda ronda a una leyenda como Sanyo Gutiérrez y Tolito Aguirre, Valenzuela —este año junto a Fede Mouriño— se clasificó nuevamente para los octavos del Oysho Milano Premier Padel P1, donde mañana se medirá con Momo González y Fran Guerrero, igual que la semana pasada en Rotterdam.
«Estoy muy feliz de estar otra vez en octavos — continúa —. Empezamos desde la qualy y gracias a nuestro espíritu de lucha, peleando punto a punto, puedo vivir una experiencia como la del año pasado».
Actualmente número 64 del ranking FIP, Valenzuela aprende de los mejores: su entrenador es Martín Canali, el mismo de Agustín Tapia, que el domingo por la noche estaba en el banquillo de los número uno del mundo en Rotterdam y el lunes, en el de Rama en Milán. «Tiene mentalidad y estrategia, nos aporta muchísimo —cuenta—. El domingo estuvo en la final con Agus, el lunes tomó el primer vuelo a las 8, llegó a Milán a las 10 y vino directo al club para nuestro partido. Hizo un gran esfuerzo por estar con nosotros y sacar lo mejor de nosotros». Y al formar parte del mismo equipo, Valenzuela y Tapia también comparten pista de entrenamiento: «Y eso, para un joven como yo, es una gran suerte».
Ayer, tras la victoria contra Sanyo y Tolito, Rama tuvo tiempo de disfrutar Milán «y de tomar un café frente al Duomo». Desde hoy, vuelve a centrarse en el torneo: «Cada pequeño detalle marca la diferencia — explica el argentino, que también cuenta con una psicóloga en su equipo —. Creo que el trabajo mental lo es todo en el deporte. Aún tengo cosas que mejorar en mi juego y estoy trabajando en ello, pero es fundamental mantener siempre la cabeza enfocada. Incluso un solo gesto, si el rival lo percibe, puede hacerte perder la ventaja».
Palabras maduras de alguien que a los 17 años se mudó a Europa, gracias a su patrocinador, que le ofreció casa y la posibilidad de entrenar en una de las muchas academias de pádel:
«Ya a los 14 o 15 años jugaba torneos profesionales en Argentina, pero viajaba solo, porque mi familia no podía acompañarme por motivos económicos. Así que estoy acostumbrado a este tipo de vida. Obviamente echo de menos a mi familia, sobre todo porque en el circuito Premier Padel solo hay una etapa en mi país. Pero ya queda poco para terminar la temporada: tres o cuatro torneos más, y luego podré volver unas semanas a Argentina».
De donde todo empezó, con la primera pala a los 9 años: «Entrenaba precisamente con Tolito, en su club, después de que mi padre me llevara a jugar a todos lados: bolos, fútbol… hasta que empezó con el pádel. Empecé a jugar, a mejorar, a ganar torneos, y entendí que ese sería mi camino». Un camino que recorre con el mate siempre en la mano: «A nosotros, los argentinos, con eso nos basta para ser felices».
*Foto de Premier Padel







