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Cuenta la leyenda que hubo una vez en la que los jugadores de pádel se ponían menos de un 4 de nivel… ¡y no pasaba nada! Jugaban sus partidos, se divertían aún perdiendo y al día siguiente el mundo no se había acabado. No puede ser, ¿verdad?

Vaya por delante que este no es un tema en el que volvamos a hablar sobre los niveles hinchados, aunque cuando se hablen de estos temas es imposible que no se toque aunque sea de refilón, pero no es la finalidad del tema ya que, aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Esto va para todos los jugadores de pádel “malos” y lo reconocen porque, no nos engañemos, la mayoría de jugadores amateurs somos malos. Cometemos fallos absurdos, nos desconcentramos a la primera de cambio… vamos, que la cagamos más que acertamos pero, ¿y qué?

¿Qué más da ser malo? Si algo bueno tiene el pádel es que siendo malo te puedes divertir, incluso más que quien intenta aparentar que es bueno. Ya sabes, esa gente que ganaría a un profesional, pero no lo hace porque es demasiado “humilde”. Eso sí, cuando fallan siempre tienen una excusa preparada: la bola ha botado mal, la pala debe estar rota, hoy es que no me encuentro bien… Hay gente que le dedica más tiempo a inventarse excusas que a jugar. He visto cosas que vosotros no creeríais, como a alguien cambiar de pala y decir “con esta sí” y acto seguido hacer una bandeja y sacar una bola x3… sin botar en el suelo.

Reconocer que eres malo es el primer paso para poder mejorar. Haz un poco de autocrítica, los fallos no son solo de tu compañero, alguno también será culpa tuya. – Hoy no he tenido un buen día. – Pues vaya, siempre tienes el mal día conmigo. Cualquiera puede tener un mal partido, pero cuando es uno tras otro… ¡abre los ojos! Lo mismo no eres tan bueno como piensas. Si no eres consciente de dónde fallas, nunca lo vas a poder corregir y ser de verdad un buen jugador.

Puedes decirte lo bueno que eres las veces que quieras, no engañas a nadie, bueno sí, a ti mismo. Luego juegas contra alguien y dices “qué malo es”. Al finalizar el partido el rival te podría decir “sí, yo soy malo, pero te gano”. ¿En qué lugar te deja eso?

Algo muy común en los clubes de pádel es el llegar antes de tu partido ponerte a ver otros partidos y, en muchas ocasiones piensas, “son muy malos, les ganaba fácil”. Algo que seguramente pensarían ellos si vieran tu partido desde fuera, entrando en un bucle del que es imposible salir, porque para ti, el malo es el otro y viceversa.

Esa necesidad imperiosa de aparentar ser el bueno es la que luego provoca que en los partidos se aplique el “todo vale”, robando bolas para llevarse el punto o, la cada vez más habitual en amistosos, la nevera. Ganar así no te hace ser bueno, ni siquiera ser mejor que tu rival.

Hazte un favor y reconócelo, tú eres malo, yo también lo soy, la gran mayoría somos malos y en la vida podríamos ganarnos la vida jugando a esto pero, ¿dónde está el problema? Serás más feliz si lo reconoces y no te hará peor jugador si lo haces, al contrario, además, por si no te has dado cuenta, los malos también ganan. Porque el pádel es para todos. Para los gordos, para los flacos, para los altos, para los bajos, para los buenos y, por supuesto para los malos.

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